El ex jefe de gobierno capitalino, cumplió primer año de gobierno, como sus antecesores del “régimen neoliberal” o “conservador”: con la sacralización de la investidura que 30 millones de electores le otorgaron el año pasado.
Cual priista o panista que ocupó el poder en aquellas épocas, el político de Tabasco, fortalece la figura presidencial y el ejercicio de gobierno, por ejemplo, nombramientos para órganos autónomos y del gabinete; o proyectos de ley que envía al Congreso, pasan, porque él, así dispone.
Para ello, cuenta con lo que antecesores, desde LVII Legislatura en el Poder Legislativo, no tenían: mayoría relativa del partido que creó su visión política, Morena, y absoluta, artificial, con votos que hacen en ese Poder, legisladores que, coopta, el grupo mayor y de esa manera, proyectos del Presidente y del partido oficial, se discuten, votan y aprueban.
Con la voluntad presidencial, reiteramos, llegaron al pleno de ministros de la Corte, Yasmín Esquivel Mossa, Juan Luis González Alcántara Carrancá y, caso reciente, Ana Margarita Ríos-Farjat, quien en el sexenio, comenzó como jefa del Servicio de Administración Tributaria, de la SHCP.
A los que se añade el ministro presidente, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea.
Ellos, como la controversial nueva presidenta de la CNDH, Rosario Piedra Ibarra; el Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero; al igual que miembros del gabinete, llegan al cargo por un vínculo: “sana cercanía”, con el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien ejerce el cargo, igual que sus antecesores que, diario, denigra, critica y fustiga en Palacio Nacional o en las concentraciones con el que lo reciben en sus giras.
No es para espantarse, son facultades legales o de facto, que tiene López Obrador, cual mandata nefasto presidencialismo que distingue al país y que el escritor peruano, Mario Vargas Llosa, ubicó perfectamente: la dictadura perfecta. Es decir, presidencialismo a la mexicana.
Casualmente, primeros 15 meses de la LXIV Legislatura, Morena, bancadas satélites y oposición, aprobaron 13 iniciativas que presentó el mandatario, las cuales, bien que ilustró el domingo pasado. Casualidad o coincidencia, igual número de leyes, aprobó el Congreso, a los tolucos que presidieron al país en el pasado reciente, que llamaron (fallidas) “reformas estructurales”.
Como la reforma energética o la educativa. Hechos que acreditan “toda la fuerza de un Presidente”, como Andrés Manuel López Obrador, como en su momento, la tuvieron sus antecesores del PRI-PAN.
Empero, el régimen de la “cuarta transformación”, abonó a nuestro sistema político, desacralización del poder, con el estilo personal de gobernar que impone el político de Tabasco, el primer año de gobierno: combate a corrupción. “Por eso, estamos limpiando al gobierno de arriba para abajo, como se limpian las escaleras”, resaltó en su mensaje dominical.
No acabó primer mes de asumir el poder cuando el país se estremeció por escasez de gasolinas y diesel, por el combate que hizo el gobierno y Fuerzas Armadas, al robo en ductos de Pemex, flagelo que permitió el régimen “neoliberal” y “conservador”, el cual, se conoce como “huachicol”.
Además, López Obrador, acabó con la condonación de impuestos a grandes corporaciones empresariales y financieras, pero omitió decir que bajo esa figura discrecional que ejercían sus antecesores, beneficiaron a la presidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky Gurwitz y la ex senadora y directora de la Conade, Ana Gabriela Guevara Espinoza.
Impuso política de “austeridad republicana”, lo cual, no impide que la titular de la Conade, compre en horas laborales, en el Palacio de Hierro de Polanco; o que el mismo Presidente, explique lo inexplicable, por dejar la imagen de un político que se transportaba en Tusuru, luego en Jetta y finalmente, en Suburban, para hacer su agenda pública.
En ese contexto, disminuyó presupuesto que destinaban a Presidencia de la República, el cual, de 3 mil 600 mdp, en el pasado reciente, pasó a 800 mdp, para este y siguiente ejercicio fiscal.
-“Esto es, en los hechos, la austeridad republicana”, ponderó el domingo que cumplió un año como Presidente de la República.
En este sexenio, López Obrador, gana 108 mil pesos al mes, y de ese cargo para abajo, en la administración pública, “nadie gana más que el Presidente”; desapareció tenebroso y siniestro Estado Mayor Presidencial y abrió al pueblo, instalaciones de “Los Pinos”.
En su estilo personal de gobernar, Andrés Manuel López Obrador, “mueve a México”, y quita espacios de poder, a miembros del gabinete, dígalo si no, que la señora Olga Sánchez Cordero, sólo atiende asuntos de género y facultades de la dependencia, las ejerce, de facto, el Subsecretario de Gobierno, Ricardo Peralta Saucedo, cual comenta clase política del país.
En la cancillería mexicana, secretarios de Relaciones Exteriores, con acceso en la Casa Blanca y Palacio Nacional, Marcelo Luis Ebrard Casaubón y el negociador del T-Mec, Jesús Seade Kuri, Subsecretario para América del Norte. Además, los delegados del gobierno federal en los estados, reportan directamente al Presidente y no a la secretaría de Gobernación.
Moraleja de todo lo anterior: Andrés Manuel López Obrador, ejerce todo el poder de un Presidente en México, pero con su estilo personal de gobernar a la República, desacralizó el poder.
¡Que sea para el bien de la República!
EN EL CHACALEO.
Formas ocultas de la prisa por designar ministro vacante en la Corte: son 4 “ministros del Presidente”, de 11, suficientes votos, para evitar que prospere invalidez de una ley, a través de una acción de inconstitucionalidad. O para evitar lo mismo, en una controversia o la formación de una jurisprudencia, que no convenga al régimen de la “cuarta transformación”. ¡Cuidado!… Es de imaginar escándalo en el país, entre el sector jurídico del país, si cuatro ministros en la Corte, avalan que no es acción inconstitucional, “Ley Bonilla”, en BC… www.los3poderes.com… juanlopez23@hotmail.com… Twitter: @JuanLopezMiguel…